La Asamblea General de las Naciones Unidas lo designó así en 1999. En Zenda lo promueven mediante un concurso de historias de superación. Historias reales o ficticias, que nos cuenten cómo superar la violencia contra las mujeres.
Por ello he querido retomar las publicaciones en esta bitácora con este micro relato que ha llegado a mis manos. Se trata de una preciosa alegoría sobre el drama al que se enfrentan algunas mujeres "encerradas" en un callejón sin aparente salida.
En muchas ocasiones la ayuda de otros es fundamental para liberarse y volar.
Su
ave
Cuando abrió los ojos sintió
el calor del sol colándose entre los barrotes de la jaula. Intentó volar, pero
sus alas no respondían. Trató de imitar el canto de las aves que estaban fuera.
Tan vivo. Tan de verdad.
Volvió a dormirse,
impotente. Ya llegarían el agua y la comida. Volvería a perdonarle.
Una
dependencia compartida que encerraba tantos miedos…
La despertó el estruendo de
un grupo que migraba hacia el sur y una fuerza antigua le hizo reaccionar. Sabía que algo mejor le
esperaba. Al fin y al cabo no era menos mujer, sólo una mujer atrapada.
Él llegó a casa y la jaula
estaba vacía. Él la quería porque era su
ave.
Suave
Qué paradoja. El error
siempre estuvo en el pronombre posesivo delante de la palabra amor.
Tesa Guilleuma
Tesa Guilleuma
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